En el patio del Colegio parecía un fenómeno pero Felipe no ha pasado de jugar en 3ª División. Ya tiene 25 años y hace tiempo que dejó de hacerse ilusiones acerca de jugar en uno de los equipos grandes.
Este año compagina sus entrenamientos con la formación de un equipo de niños gitanos. Un amigo suyo que lleva trabajando desde hace tiempo en el barrio le pidió el favor de hacerse cargo de una docena de chavalillos que tenían ilusión por jugar partidos de competición contra otros niños, con porterías y con redes y con árbitro...
Felipe, que además de futbolista es un gran educador, está consiguiendo unos resultados extraordinarios (aunque a él le parece que no avanza). Hasta ahora sólo han logrado un punto pero Felipe ha conseguido que le escuchen cuando habla, que dejen de chillarse unos a otros cuando fallan en alguna jugada, que se laven con jabón y champú después de los partidos y entrenamientos, que desayunen y coman con fundamento (con este motivo ya ha visitado a alguna de las madres), que se cambien más a menudo de ropa, que fumen un poco menos...
Es una maravilla oírle hablar de sus chicos. Aunque le hayan hecho las mil y una siempre encuentra la manera de disculparles o de entender que, en las circunstancias en las que están viviendo, es lógico que tengan algunos comportamientos a mejorar. Habla con cada uno en particular para corregirle con cariño y aprovecha los pequeños avances del equipo para animarles y para contárselos a todo el mundo.
Cuando tiene que viajar en autobús le saca de quicio que la gente se meta con él porque los críos arman jaleo: "A ver si educa mejor a estos críos que parecen salvajes". Habitualmente no se calla y responde: "Señora, ahí donde los ve estos niños suelen tener detalles que ya los quisiéramos para nosotros, los que nos creemos educados. Por otra parte yo hago lo que puedo por educarles. Si usted dispone de tiempo libre tal vez podría echarme una mano y seguro que entre los dos lo haríamos mejor"

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